Ciudad de Albarracín, roja, mágica, inolvidable

Albarracín es de esos lugares a los que hay que ir. Hay que ir por muchos motivos, pero sobre todo porque es completamente diferente de cualquier otra ciudad. En Albarracín se mezclan los estilos arquitectónicos de la zona en el último milenio. Esto lo hacen sin perder esa extraordinaria homogeneidad que la convierte en una ciudad con encanto.

La ciudad rojiza, de origen musulmán, se levanta en mitad de la sierra a la que da nombre. Exactamente a 37 km de Teruel en las faldas de un monte, y rodeada en parte por el río Guadalaviar, lo que la hacía fácilmente defendible en tiempos de la Reconquista.

Conocer el encanto de la Ciudad de Albarracín

Albarracín es como ya hemos dicho interesantísima en sí misma. Con su conjunto urbano netamente medieval excelentemente conservado. Cuando se ha necesitado, se han llevado a cabo las restauraciones necesarias de una manera ejemplar. Entre los puntos más elevados de la ciudad y situados estratégicamente, se pueden admirar la Torre del Andador, a la vanguardia del impresionante recinto amurallado, y en el otro extremo el Alcázar y la Torre de Doña Blanca, fortalezas musulmanas (s. X y XI). Aunque esta última torre acabó integrándose en el Convento de los Dominicos, ya en épocas cristianas. Aparte se construyó otro recinto murado, ya en el siglo XIII, con la finalidad de salvaguardar el ganado en tiempos de guerra.

En el centro y en mitad de un enmarañado y desnivelado trazado urbanístico propio del medievo, se levantan la Catedral de Albarracín, de una sola nave (s.XVI), y el Palacio Episcopal (s.XVII), actualmente Museo Diocesano. También son de gran interés, entre otros edificios el Hospital (s.XVII), hoy Museo de Albarracín, la Iglesia de Santa María (s.XVI) y la Ermita de San Juan (s.XVII).

Y si no tenéis tiempo de verlo todo, solo el pasear entre sus estrechas y vetustas calles y callejuelas habrá dado sentido a vuestro viaje.

Ciudad de Albarracín, roja, mágica, inolvidable
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